perro que no me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

(Miguel Hernández)

miércoles 29 de octubre de 2008

Asuntos de familia

Vale decir que el sueño que tuvo Sánchez 
consistió en soñar que él estaba soñando
que estaba soñando que estaba soñando
que soñaba que soñaba que estaba soñando.
Leo Maslíah, "Balada del Pocho Fernández"
Muchas veces vi la casa.

Una vez la heredé. Otra, estuve a punto de heredarla. Otra vez la descubrí detrás de la casa de mi abuela. Otra, quise comprarla.

No se puede describir, porque siempre es diferente. Una vez fue una casa medieval de piedra. Otra vez era una ruina sin techo. A veces es blanca. Siempre tuvo más habitaciones de las que yo esperaba, y cada nueva habitación que descubro me da alegría. Acá va esto, acá va aquello, me digo, planeando vivir en la casa.

No tengo la memoria de haberla visto sino en los sueños, pero sí tengo la certeza de haberla conocido, o de haber vivido en ella en una vida futura, o pasada, o simultánea, como dicen que lo es todo. De hecho, la conozco, porque muchas veces vi la casa.

Anoche no la vi, pero la sabía arriba y detrás de la mía. No tuvo gran protagonismo en todo lo que pasó: simplemente le sugerí a mi madre que la ofreciera por esa noche a dos mujeres que llegaron con una nena, pidiendo asilo. Las tres eran gitanas.

Las gitanas eran para mí una molestia, porque pretendían instalarse frente a mi pieza, y mi pieza no tenía puerta, y yo estaba con mi novio, y quería de una vez consumar el acto sexual, que por hache o por be no habíamos consumado nunca.

Las excusas para que no ocurriera eran todas suyas. Llegó a sugerir que lo de los espectros de las tías había sido una representación teatral de toda mi familia, que era numerosísima, para disuadirlo de nuestro noviazgo.

¿Cómo se te ocurre que todo esto está preparado por mortales?”, le dije señalando al cenit con la mano abierta: la cúpula de mi casa estaba plagada por decenas de ángeles negros, muertes flacas que nos sobrevolaban en círculos.

Las muertes volantes aparecieron justo después de que hablaron las tres tías. No sé si eran mis tías, pero eran tías, acaso las de Alicia.

Y las tías aparecieron por mi culpa, porque se me ocurrió abrir una puertita de madera que nunca antes había sido abierta. La puertita rechinó como rechinan las puertas en las películas. Y alto, en la pared, empezó a crecer lo que parecía un capullo de flor, pujando desde dentro para sobresalir la superficie, que era una película de látex. Pero no era una flor, era la mano de una de las tías. Y después estiraron la pared de látex las caras y los bustos de las tres. Tías muertas desde hacía mucho tiempo. El látex, que les aplastaba los rasgos, era delgado y traslúcido, dejaba ver que las tías tenían los labios pintados. Mi familia retrocedió de miedo. No sé qué dijeron las tías, pero venían a quejarse.

Cuando aparecieron los ángeles negros salí de mi casa. Miré hacia el mar, y desde el mar se acercaba una tormenta. Las que primero creí que eran nubes, eran olas. Las había confundido con nubes porque eran altísimas y se levantaban desde todo el horizonte. Y, a pesar de que las olas eran oscuras, mucho más oscuros contrastaban los pájaros que venían hacia la orilla. Cuando se acercaron más, creí darme cuenta de que los pájaros eran toros. Pero volvía a equivocarme: eran gárgolas que venían al ataque.

Todos huíamos tierra adentro. Dos gárgolas me alcanzaron, me mordieron una oreja cada una, me arrastraron prometiéndome mucho dolor cuando me dejaran ciega.

Tironeando de mí y de las gárgolas, me salvaron mis tíos.

Después pasé mucho tiempo, años, abrazada a un árbol.

Tantos años que, cuando volví, me era muy difícil reconocer mi casa. Las tías, las gárgolas y los ángeles habían hecho refacciones espantosas.

Mientras trepaba un alambrado para entrar, le pregunté a mi hermano, que me esperaba adentro para ayudarme: “¿Adónde pusieron ahora mi pieza rosa?”

Tu pieza ahora es verde”, me avisó mientras me daba la mano para bajar del alambrado. Tuve dudas de que fuera mi hermano. Me indicó el camino.

Se notaba que mi familia seguía esforzándose en el mantenimiento de la casa, porque en mi pieza había un hombre lustrando una escalera. Acaso la incompatibilidad de estéticas entre los invasores y mis familiares (la de los unos tétrica, la de los otros mersa) era lo que había hecho de mi casa ese adefesio.

Me acosté a dormir. Mientras dormía, un hombre que pretendía ser mi padre revelaba fotos de su cara y las tendía chorreando en un cordón frente a mi cama, para que cuando me despertase lo reconociera. Pero, que yo recordara, mi padre no había sido gordo, ni rubio, ni había usado anteojos redondos.

Cuando me desperté, me acordé de mi novio, y busqué en la pieza algún rastro, alguna prueba de que había existido y alguna vez había estado ahí. Por suerte, encontré y reconocí, muy envejecidas, unas figuritas que él había pintado.

sábado 14 de junio de 2008

Chuza

... es como me hubiera gustado titular este post.

Pero, busco en el DRAE y no tiene nada que ver, no sé por qué se me ocurrió la palabra "chuza" cuando leí un mail que acaba de llegarme.

Es un mail de "cadena", de los que recopilan direcciones de mail, parece. No sé, no sé. No haré una excepción en este caso, no sigo cadenas, sé que son una... (y acá me sale "chuza"). Pero ésta es realmente tentadora e ingeniosa, realmete explica y aprovecha lo que decía yo ayer de las nubes de tags (¡y yo también dije "letras grandes"!:

Léelo con todo y número:
1 beso de tu boca
2 caricias te daría y
3 abrazos que demuestran
4 veces mi alegría y en la
5ª sinfonía de mi
6º pensamiento
7 veces te diría las
8 letras de un ''te quiero'' porque
9 veces por ti vivo y
10 veces por ti yo muero...
Envía esto a 15 personas en los próximos 100 minutos, luego presiona F6 y el nombre de quien te ama aparecerá en letra grande.
Da miedo porque es real.

¡Qué lo parió!, diría Mendieta.

viernes 13 de junio de 2008

Dos frazadas presas en el laverrap

Hace como quince días que dos frazadas mías están en el laverrap. Y eso que cuando las llevé, pedí que me las lavaran lo antes posible.

Ahora estoy a veinte metros del laverrap. Tomo café, como torta, escribo. No tengo problemas en hablar con la camarera. Le pido otro café. Le pido un vaso grande de agua. No tengo ningún problema.

Desde la vidriera del café, veo el laverrap. Todavía está abierto. Tengo los treinta y dos pesos separados, junto con el papelito para retirar las frazadas. Pero no voy. Pienso todos los días en las frazadas. Aunque me diga a veces que es por hache, a veces que es por be, no sé por qué no voy.

Sí que sé: no voy porque no puedo.

Para complacer al psiquiatra, una vez fui al grupo de fóbicos sociales que coordina una psicóloga . Cuando me tocó contar a mí, conté lo de Edenor. De cuando me compré el horno de cerámica de alta temperatura, que es trifásico. Para poder usarlo, tenía que pedir una bajada trifásica en Edenor.

Era fácil: entrar a la oficina, preguntar en qué ventanilla o escritorio hacer el trámite, decir "necesito una bajada trifásica", seguir las instrucciones del empleado.

Pero no me salía. Iba una y otra vez a Edenor. Me sentaba apenas con una pequeña porción del culo en un macetero que hay en la puerta. Fumaba uno o dos cigarrillos. Y volvía a mi casa.

Así hasta que entré. Qué revuelo se armó en la oficina de Edenor de Ramos Mejía. Había entrado un personaje haciendo chistes. Todos los empleados me miraban. Para mí, mejor. Bromeé hasta con los guardias de seguridad. Pedí la trifásica. No sé cuántas pavadas habré agregado a la frase que usé para pedirla.

Hacía falta una inspección de la instalación eléctrica en casa. Un inspector, que también participaba de la conversación -nadie allí estaba ajeno-, me dijo que llegaba en buen momento, porque estaban los inspectores de vacaciones, que él era el único inspector en funciones, y que no me revisaría demasiado. Aunque yo tenía todo bien, la jabalina, todo, era un alivio que no revisara demasiado. El inspector me llevó en su auto a mi casa, me miró la instalación así nomás, y dejó asentado el okey. A los dos días tenía la bajada trifásica.

"¡Muy bien!", dijo la psicóloga.

Está empezando a cerrar el laverrap. ¿Qué pasaría si fuera ahora?

Un día más que me demore en ir a liberar a esas dos frazadas, no pasa nada. Por suerte, tengo más frazadas en casa.

En las nubes de tags

el amor en letras grandes.

martes 10 de junio de 2008

El misterio de Neli Carreras...

ENTRADA AUTOCENSURADA

sábado 7 de junio de 2008

e-book

Como no sé si alguna vez publicaré un libro de carne y hueso, hice una edición electrónica de algunos textos míos, la mayoría viejos.
Dejo el enlace en la columna de la derecha.
¡Y eso que no tengo un puto lector!

viernes 6 de junio de 2008

Mis últimos hallazgos... (Parte II)

Quedé en que iba a seguir con Tres y Cuatro de Cuatro. Remate rápido:

Tres de Cuatro, realmente, impresentable, un loco malo. Se tomó una cantidad de tiempo increíble para hacerme el verso. Casi lo consigue. No me quiero acordar. Pero me atacó sólo por mail, por suerte. Pero me quedó la flor azul.

Cuatro de Cuatro, Lolo: Cuando escribí la primera parte de este artículo, estaba contentísima de haberlo conocido. Ahora también. Pero en ese momento pensaba que algo entre Lolo y yo podía pasar. Ahora no. No sé si el tipo está en otra cosa o me puso en el freezer, o mintió muy bien cuando me dijo que yo le gustaba. Y justo en este momento en que no me queda ni una pulga.

Lolo: Me pasé un buen rato preparando el botiquín para salvar a tu pecé esta semana, como habíamos quedado. Y habíamos quedado en que era una excusa para vernos. No podés tomarte más de cuarenta y ocho horas para responderme una llamada. ¡Puta madre! ¡Una vez que me gusta un tipo a quien se le nota que es buenito!

A ver qué nos depara el próximo intento...