Fue en las últimas semanas nomás que volví a la carga con buscar novio, y tuvo que ser en internet, ya lo conté acá, mi mundo social físico está restringido, como el de muchos, culo deprimido en casa, o sentado al torno, o a la pecé, o en el cine, o en casa de amigos que no se arriesgarían a presentarme a nadie. La Señora Culo Sentado.
Así es que me encontré en persona con cuatro ciberconocidos en estos días, hallados en las carteleras de buscar novio (tuve un solo cibernovio, hace como diez años, nunca lo voy a olvidar, nunca tendré otro cibernovio, otro día lo cuento).
Cuatro señores contando a Lolo, el Cuatro de Cuatro, a quien tuve el gusto de conocer antes de ayer, el domingo. ¡Vino a hacer un asado a mi casa! Mi amigo ya tantas veces mencionado en este cuaderno, me hubiera dicho: "¡Osi, estás loca! ¡Mirá si te llega el palazo! ¡Mirá si es un asesino cereal kelloggs!" La expresión "asesino cereal kellogs" se la robé (no importa si le robé a otro ladrón, y es un botín insignificante) a Tres de Cuatro, la experiencia más desagradable de las que narro aquí, y se la puse al Osi en la ya-no-boca porque es verosímil imaginarla saliendo de allí. Esta expresión, boluda y simpática, y una flor azul que me regalara Tres de Cuatro, son lo que rescaté de la mierda en que resultó esa relación. La flor azul es ésta:

Uno de Cuatro: Hace como un mes, tuve que pedirle desde mi celular a este señor que levantara la mano cuando llegué al café, porque no lo reconocía: el cabello de la foto en internet era diferente (en la foto era mucho y negro, ahora era poco y blanco con matizador amarillo). Todo bien, yo misma, aunque es una falsificación bastante más modesta que la de este hombre, me retoco un poco las ojeras en el photoshop para publicar foto en los clasificados, porque, además de ser un poco fea, o rara, parecida a una caricatura de tapir, pertenezco a "la comunidad dispersa de los monstruos fotográficos" para la que César Aira se disponía a escribir un libro de autoayuda cuando se fue al carajo como siempre y acabó en una historia, si mal no recuerdo de serpientes, que nada que ver. Además, en las fotos no sale el ángel, y el mío puede hacer que se me quiera fácilmente, más allá de los atractivos eróticos de mi cuerpo, que pueden funcionar o no. Pero casi todos los cibertipos te las exigen para darte bola, a las fotos.
Cuando estaba sentándome a la mesa de este señor (el Uno de Cuatro, el del cabello matizado de amarillo), me dijo "Estoy de mal humor". Yo igual me senté y se despachó con la historia de un juicio, de un testigo que se le había echado atrás. Qué bueno, yo podía postergar mi perorata de derramamiento. Después el señor se quejó de una acidez de estómago y esófago importante. No era que yo no le gustaba, no. Era que de verdad se sentía mal, y lo lamentaba, porque yo le parecía divina e interesante, dijo. Un arquitecto (cómo me hubiera gustado ser arquitecta) que no quería ser arquitecto, que soñaba con vivir sin trabajar. "Te cambio", le dije o pensé. Otras falsificaciones volcadas en su autobombo en internet (en el aviso clasificado y en sus mails) me fueron desenmascaradas en la charla (yo no dije ni mu, por supuesto). Me llevó de vuelta a casa, ya casi muriéndose de acidez. Creo que puedo ver más allá de la circunstancia del ataque de acidez y de mal humor, incluso de las falsificaciones del tipo, y sé que no tengo interés en volver a verlo.
Dos de Cuatro: Un tipo "interesante" y me parece que lindo (sin contar su cara, que no importa, me refiero al ser, sea lo que el ser sea). Una conversación amena, una posiblidad evidente de entendimiento mutuo, teniendo en cuenta que no nos conocemos. Después de varias conversaciones telefónicas (quizás fueron demasiadas para mi gusto las veces que me llamó, pero era un exceso perdonable gracias a mi ignorancia y mi intuición equivocada o no de sus motivos), fuimos a cenar a la vuelta de mi casa. Y luego a un lugar que me gusta cerca de la estación de Ramos Mejía, a tomar algo (él, güisqui, y yo, café). Perorata de derramamiento apenas contenido de ambas partes. Bueno, en eso no me sentí sola.
Dos situaciones locas de las que me atraen literariamente sucedieron en esa salida, que no podré contar literariamente porque no van a quedar bien. Me gustó cada una en sí, pero sobre todo su similitud y su coincidencia en la misma noche. No sé si tendrán que ver con mi relación con este tipo, que no sé si todavía existe (el tipo casi seguro que sí, digo la relación), pero la coincidencia es algo de lo que siempre sospecho.
Si no existe el tiempo tal como lo percibimos, como dicen los científicos, todas las relaciones, todos los momentos, todo lo vivido, estará siempre sucediento en algún punto del espacio tiempo. Siempre jamás estaré amando a Freddy, y a los dos Daríos, y riéndome con mi Osi, y friendo bananas en el hotel Bauen con Ramiro, y abriéndole la puerta de mi casa por primera vez a mi Picheuter, y comiendo el asado de Lolo el domingo pasado, y acostada en la playa hablando con Ceci, y en cualquier instante que haya tenido mucha, poca, o ninguna importancia para mí.
Acostumbrada a que no me quede otra que perdonarme mis digresiones, a mi "fuga de ideas", como dice mi psiquiatra, vuelvo a los dos episodios presenciados en la salida con Dos de Cuatro: En el restaurante (era una parrilla), presenciamos un escándalo de grandes proporciones que armó un comensal por un error de un peso en la cuenta. Y en el barcito se presentó un vecino de pantuflas, bata y piernas peludas desnudas (seguramente debajo de la bata tenía sólo un calzoncillo, quizás se había vestido así para la ocasión). Gritó como loco, golpeó el mostrador, nos contó a todos que hacía dos años que no podía dormir por la música que emitía a todo volumen el local desde parlantes orientados a la calle.
El final de este encuentro con Dos de Cuatro no fue muy feliz. A él le pareció, equivocadamente, que la cosa daba para besarnos en la boca cuando nos despedíamos en su auto en la puerta de mi casa, y quién sabe qué más le parecía que podía pasar, dado que estábamos en la puerta de mi casa. No creo ser ninguna histérica. ¿Por qué habrá pensado que lo besaría? ¿No es que los hombres se dan cuenta si una mujer aceptaría ser besada? Me quedé pensando que el hombre se equivocó. A él acaso le pasó lo mismo en cuanto a mí. Dicen los científicos yanquis que en menos de un minuto, o algo así, en el primerísimo encuentro con alguien se produce la "cosa" química que te dice, te des cuenta o no, si ocurre o no "aquello". A mí no me ocurrió. Igual, Guille, uno espera una cosa y encuentra otra, eso está buenísimo de la vida. Hay que ver si querés otra.
No sé qué tendrá que ver, decía que no creo ser una histérica. Pero me dan ganas de enlazar acá otra vez a Liliana Felipe. No creo ser tampoco feminista ni torta, pero cuando la veo, me hago feminista y torta como ella, hermosa:
Pensaba contar acá lo de Tres de Cuatro (la experiencia de mierda) y lo de Cuatro de Cuatro (Lolo). Pero continuará mañana o en estos días, si dios quiere...
Así es que me encontré en persona con cuatro ciberconocidos en estos días, hallados en las carteleras de buscar novio (tuve un solo cibernovio, hace como diez años, nunca lo voy a olvidar, nunca tendré otro cibernovio, otro día lo cuento).
Cuatro señores contando a Lolo, el Cuatro de Cuatro, a quien tuve el gusto de conocer antes de ayer, el domingo. ¡Vino a hacer un asado a mi casa! Mi amigo ya tantas veces mencionado en este cuaderno, me hubiera dicho: "¡Osi, estás loca! ¡Mirá si te llega el palazo! ¡Mirá si es un asesino cereal kelloggs!" La expresión "asesino cereal kellogs" se la robé (no importa si le robé a otro ladrón, y es un botín insignificante) a Tres de Cuatro, la experiencia más desagradable de las que narro aquí, y se la puse al Osi en la ya-no-boca porque es verosímil imaginarla saliendo de allí. Esta expresión, boluda y simpática, y una flor azul que me regalara Tres de Cuatro, son lo que rescaté de la mierda en que resultó esa relación. La flor azul es ésta:

Uno de Cuatro: Hace como un mes, tuve que pedirle desde mi celular a este señor que levantara la mano cuando llegué al café, porque no lo reconocía: el cabello de la foto en internet era diferente (en la foto era mucho y negro, ahora era poco y blanco con matizador amarillo). Todo bien, yo misma, aunque es una falsificación bastante más modesta que la de este hombre, me retoco un poco las ojeras en el photoshop para publicar foto en los clasificados, porque, además de ser un poco fea, o rara, parecida a una caricatura de tapir, pertenezco a "la comunidad dispersa de los monstruos fotográficos" para la que César Aira se disponía a escribir un libro de autoayuda cuando se fue al carajo como siempre y acabó en una historia, si mal no recuerdo de serpientes, que nada que ver. Además, en las fotos no sale el ángel, y el mío puede hacer que se me quiera fácilmente, más allá de los atractivos eróticos de mi cuerpo, que pueden funcionar o no. Pero casi todos los cibertipos te las exigen para darte bola, a las fotos.
Cuando estaba sentándome a la mesa de este señor (el Uno de Cuatro, el del cabello matizado de amarillo), me dijo "Estoy de mal humor". Yo igual me senté y se despachó con la historia de un juicio, de un testigo que se le había echado atrás. Qué bueno, yo podía postergar mi perorata de derramamiento. Después el señor se quejó de una acidez de estómago y esófago importante. No era que yo no le gustaba, no. Era que de verdad se sentía mal, y lo lamentaba, porque yo le parecía divina e interesante, dijo. Un arquitecto (cómo me hubiera gustado ser arquitecta) que no quería ser arquitecto, que soñaba con vivir sin trabajar. "Te cambio", le dije o pensé. Otras falsificaciones volcadas en su autobombo en internet (en el aviso clasificado y en sus mails) me fueron desenmascaradas en la charla (yo no dije ni mu, por supuesto). Me llevó de vuelta a casa, ya casi muriéndose de acidez. Creo que puedo ver más allá de la circunstancia del ataque de acidez y de mal humor, incluso de las falsificaciones del tipo, y sé que no tengo interés en volver a verlo.
Dos de Cuatro: Un tipo "interesante" y me parece que lindo (sin contar su cara, que no importa, me refiero al ser, sea lo que el ser sea). Una conversación amena, una posiblidad evidente de entendimiento mutuo, teniendo en cuenta que no nos conocemos. Después de varias conversaciones telefónicas (quizás fueron demasiadas para mi gusto las veces que me llamó, pero era un exceso perdonable gracias a mi ignorancia y mi intuición equivocada o no de sus motivos), fuimos a cenar a la vuelta de mi casa. Y luego a un lugar que me gusta cerca de la estación de Ramos Mejía, a tomar algo (él, güisqui, y yo, café). Perorata de derramamiento apenas contenido de ambas partes. Bueno, en eso no me sentí sola.
Dos situaciones locas de las que me atraen literariamente sucedieron en esa salida, que no podré contar literariamente porque no van a quedar bien. Me gustó cada una en sí, pero sobre todo su similitud y su coincidencia en la misma noche. No sé si tendrán que ver con mi relación con este tipo, que no sé si todavía existe (el tipo casi seguro que sí, digo la relación), pero la coincidencia es algo de lo que siempre sospecho.
Si no existe el tiempo tal como lo percibimos, como dicen los científicos, todas las relaciones, todos los momentos, todo lo vivido, estará siempre sucediento en algún punto del espacio tiempo. Siempre jamás estaré amando a Freddy, y a los dos Daríos, y riéndome con mi Osi, y friendo bananas en el hotel Bauen con Ramiro, y abriéndole la puerta de mi casa por primera vez a mi Picheuter, y comiendo el asado de Lolo el domingo pasado, y acostada en la playa hablando con Ceci, y en cualquier instante que haya tenido mucha, poca, o ninguna importancia para mí.
Acostumbrada a que no me quede otra que perdonarme mis digresiones, a mi "fuga de ideas", como dice mi psiquiatra, vuelvo a los dos episodios presenciados en la salida con Dos de Cuatro: En el restaurante (era una parrilla), presenciamos un escándalo de grandes proporciones que armó un comensal por un error de un peso en la cuenta. Y en el barcito se presentó un vecino de pantuflas, bata y piernas peludas desnudas (seguramente debajo de la bata tenía sólo un calzoncillo, quizás se había vestido así para la ocasión). Gritó como loco, golpeó el mostrador, nos contó a todos que hacía dos años que no podía dormir por la música que emitía a todo volumen el local desde parlantes orientados a la calle.
El final de este encuentro con Dos de Cuatro no fue muy feliz. A él le pareció, equivocadamente, que la cosa daba para besarnos en la boca cuando nos despedíamos en su auto en la puerta de mi casa, y quién sabe qué más le parecía que podía pasar, dado que estábamos en la puerta de mi casa. No creo ser ninguna histérica. ¿Por qué habrá pensado que lo besaría? ¿No es que los hombres se dan cuenta si una mujer aceptaría ser besada? Me quedé pensando que el hombre se equivocó. A él acaso le pasó lo mismo en cuanto a mí. Dicen los científicos yanquis que en menos de un minuto, o algo así, en el primerísimo encuentro con alguien se produce la "cosa" química que te dice, te des cuenta o no, si ocurre o no "aquello". A mí no me ocurrió. Igual, Guille, uno espera una cosa y encuentra otra, eso está buenísimo de la vida. Hay que ver si querés otra.
No sé qué tendrá que ver, decía que no creo ser una histérica. Pero me dan ganas de enlazar acá otra vez a Liliana Felipe. No creo ser tampoco feminista ni torta, pero cuando la veo, me hago feminista y torta como ella, hermosa:
Pensaba contar acá lo de Tres de Cuatro (la experiencia de mierda) y lo de Cuatro de Cuatro (Lolo). Pero continuará mañana o en estos días, si dios quiere...
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